Grandes héroes

del bicentenario

Durante estos 200 años del Ejército Nacional, hombres y mujeres valientes han aportado a la construcción de la historia de la Institución, enfrentando con arrojo y gallardía los desafíos que ha traído cada una de las etapas que ha vivido la patria y el entorno mundial, propendiendo siempre por el bienestar de los colombianos.

 

A continuación, presentaremos las historias de algunos héroes que se han destacado en este proceso.

Héroes desde siempre

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General José María Córdova Muñoz

 

Es el principal ejemplo del oficial colombiano. Nació el 8 de septiembre de 1799, en Concepción, Antioquia. A la edad de 14 años ingresó al Cuerpo de Ingenieros de la República de Antioquia, fundado por el coronel Francisco José de Caldas, siendo el alumno predilecto del oficial francés de Caballería Manuel Roergas de Serviez. Meses más tarde de su incorporación, participó en la batalla del Río Palo, el 5 de julio de 1815, bajo las banderas de las Provincias Unidas de la Nueva Granada.

 

Durante el periodo de la reconquista española se desplazó a los llanos del Casanare, junto con su mentor, el coronel Manuel Serviez. Allí desarrolló su vida militar temprana como oficial de Caballería, estando bajo las órdenes del general Francisco de Paula Santander, y, posteriormente, en 1817 del general venezolano Simón Bolívar, quien lo ascendió al grado de oficial superior y lo integró a su Estado Mayor.

 

Luego del éxito de la Campaña Libertadora, que otorgó la independencia de la Nueva Granada en 1819, el general Bolívar ascendió a Córdova al grado de general, y le encomendó la labor de liberar a Antioquia y a las provincias del norte, labor que cumplió a cabalidad el 12 de febrero de 1820, en la batalla de los Chorros Blancos, en Yarumal. Más adelante, el general Córdova tuvo un papel fundamental en la libertad de la República del Ecuador y del Perú, en las batallas de Pichincha (1822) y Ayacucho (1824), respectivamente, donde comandó a la División de Infantería del Ejército Libertador, e inmortalizó su frase «División de frente. Armas a discreción. Paso de vencedores».

 

El deceso del general José María Córdova se produjo el 17 de octubre de 1829, a los 30 años de edad, en la batalla del Santuario en Antioquia, donde fue derrotado y ajusticiado por los legionarios irlandeses, guardia personal de Simón Bolívar, comandados por el general Daniel Florencio O´Leary, en el marco de la guerra civil de 1828 a 1830.

Soldado Juan Bautista Solarte Obando

 

Ejemplo del valor y sacrificio que caracteriza al soldado colombiano. Nació el 24 de junio de 1904, en La Unión, Nariño. Ingresó al Ejército Nacional el 10 de septiembre de 1929 como orgánico del Regimiento de Infantería n.° 12 Boyacá, donde cumplió su servicio militar a cabalidad. En 1932, siendo reservista de primera clase, fue llamado a defender la patria durante el conflicto amazónico, volviendo nuevamente a integrar el Regimiento de Infantería Boyacá, con destino a defender la frontera del río Putumayo de las tropas peruanas.

 

El 26 de marzo de 1933, el Ejército colombiano entró en combate con el Ejército peruano sobre la margen del río Güepí, posición a la que había avanzado durante el desarrollo del conflicto. Durante una acción de este combate, una compañía de soldados colombianos que había desembarcado a la margen sur del río se disponía a tomar posiciones. En ese momento son alineados por una ametralladora del Ejército peruano, que estaba dispuesta a terminar con la vida de decenas de soldados colombianos, pero justo en el momento en que iba a ser disparada esta pieza bélica, el soldado Juan Bautista Solarte Obando, previendo esta maniobra, se abalanzó sobre la ametralladora. Recibió un centenar de impactos que cegaron su vida, pero salvaron a la compañía que iba a ser aniquilada.

Cabo primero Clara Elisa Narváez Arteaga

 

Ella encarna, luego de las mujeres de la Independencia, la primera mujer que cambió sus vestidos por un uniforme militar. Nació el 17 de agosto de 1910, en San Juan de Pasto, Nariño. Fue enfermera de profesión y a los 22 años de edad se unió al Batallón de Voluntarios de Pasto que envió el Gobierno nacional para prestar servicios logísticos en la primera línea de combate durante el conflicto amazónico contra el Perú.

 

Durante su labor en la guerra, Clara Elisa se desempeñó como enfermera de combate en un hospital de campaña cerca del frente de combate en Güepí. Al término de la guerra, Clara Elisa fue condecorada con la Medalla Servicios de Guerra Internacional, en la calidad de estrella de bronce, por haber salvado la vida de varias decenas de heridos. Narváez falleció el 16 de octubre de 1997, a la edad de 88 años, en la ciudad de Popayán.

Soldado Pedro Pascasio Martínez Rojas

 

Es el ejemplo de la honradez y la lealtad del soldado colombiano. Nació el 20 de octubre de 1807, en Belén, Boyacá. Fue un joven campesino de la región cundiboyacense que, a la edad de 12 años, decidió seguir al Ejército Libertador por su paso por Belén, sirviendo como palafrenero del Batallón Rifles en su gesta hacia Santafé. Fue testigo de la batalla del Pantano de Vargas, pero cumplió su hito inmortal durante la batalla de Boyacá, el 7 de agosto de 1819.

 

Al término de la batalla, que se saldó con una victoria del Ejército Libertador sobre el Ejército Realista, comandado por el coronel español José María Barreiro. El joven soldado Pedro Pascasio Martínez, quien se encontraba recogiendo el material de guerra, descubrió que detrás de una roca se escondía el comandante español. Sin más temor dio la voz de alerta y, a pesar del intento de soborno de Barreiro, lo entregó al alto mando patriota.  Pedro Pascasio Martínez murió en su natal Belén, el 24 de marzo de 1885.

Sargento segundo José Inocencio Chincá

 

Es el principal ejemplo del suboficial colombiano. Nació el 28 de diciembre de 1798, en Betoyes, Arauca. Provenía de una familia de etnia sikuani, y desde muy joven dedicó su vida al oficio de la ganadería, por lo que se convirtió en un excelente jinete. Gracias a sus habilidades, fue reclutado para integrar los escuadrones de Caballería del general José Antonio Páez. Entonces se convirtió en un lancero de élite del Ejército patriota, destacado por su coraje en la batalla de las Queseras del Medio (2 de abril de 1819). Esto le valió para que fuera ascendido al grado de sargento segundo.

 

Sus aptitudes para el combate lo llevaron a ser seleccionado para pertenecer al Ejército Patriota, en la Campaña Libertadora de la Nueva Granada. Combatió con fiereza hasta el 25 de julio de 1819, en la batalla del Pantano de Vargas, donde fue herido de gravedad, luego de batirse en el campo contra el capitán español Ramón Bedoya, que murió a manos de Chincá.

 

Luego de la batalla, Inocencio Chincá fue trasladado a la población de Tibasosa, Boyacá, donde murió, el día 28 de julio de 1819, a causa de las heridas ocasionadas por el capitán Bedoya.

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Soldado Profesional Carlos Édison Hernández León

 

Este soldado profesional del Ejército Nacional nació en Bogotá el 27 de agosto de 1974. Prestó su servicio militar en el Segundo Contingente de 1993, en el Grupo Mecanizado Rincón Quiñones. Siempre se destacó por su espíritu y consagración al trabajo.

 

El 2 de abril de 1995, ingresó como soldado profesional, con destino al Batallón de Contraguerrillas n.° 7 Héroes de Arauca. En el año 2002, por su excelente trabajo, fue llamado a participar en la preselección de los soldados que iban a integrar el Batallón de Comandos n.° 1 Ambrosio Almeida, del cual fue fundador. Allí demostró sus virtudes y valores militares, al igual que sus capacidades físicas, psicológicas, técnicas y tácticas. Por su arrojo y valentía, fue seleccionado por el Comando Superior para integrar la Fuerza Élite del Ejército Nacional de Colombia, en donde integró la compañía Coraza, desempeñándose como un excelente enfermero de combate.

 

El primero de marzo del 2008, en la Operación Fénix contra las antiguas Farc, en el sitio conocido como Teteyé, departamento del Putumayo, participó junto con su unidad en la operación contra Luis Édgar Devia Silva, alias Raúl Reyes. En esta valerosa acción, en cumplimiento de su deber, resultó herido de muerte. Así, ofrendó su vida al servicio de la Nación.

Sargento mayor Gilberto Díaz Velasco

 

Es un veterano de 86 años de la guerra de Corea. Tomó la decisión cuando apenas contaba con 19 años de edad. Registró con su cámara fotográfica la experiencia de catorce meses en la guerra de Corea, desde abril de 1952 hasta agosto de 1953. Las fotografías de este militar, hoy con 86 años de edad y que entonces tenía el grado de cabo segundo, del Arma de Infantería, en la actualidad hacen parte entrañable de la historia del Ejército Nacional.

 

Los hombres del Batallón Colombia servían en Corea por doce meses, antes de ser relevados. En el caso del sargento mayor Díaz, debido a la batalla de Old Baldy, la cual dejó al Batallón Colombia visiblemente mermado en número, se tuvo que extender este tiempo dos meses más. Hoy el suboficial es orgullo para el Ejército Nacional y los colombianos.

Sargento viceprimero José Wílber Cortés Viveros

 

Distinguido suboficial del Ejército Nacional que nació el primero de octubre de 1978, en el municipio de Tumaco, Nariño. Ingresó a la Escuela Militar de Suboficiales Sargento Inocencio Chincá en 1999, y se graduó como cabo segundo en el 2000. Durante su carrera militar, prestó sus servicios en el Batallón de Infantería n.° 15, Batallón de Contraguerrillas n.° 53, Escuela de Policía Militar, Batallón de Alta Montaña  n.° 5, Batallón de Infantería n.° 5, Batallón de Infantería n.° 41 y Batallón contra el Narcotráfico       n.° 1. Obtuvo la medalla al valor, la medalla Fe en la Causa y la medalla Policía Militar, asimismo, recibió 46 felicitaciones otorgadas por diferentes comandos en sus 15 años de servicio.

 

El 29 de abril del 2012, en el marco de una operación militar antinarcóticos contra el Frente 15 de las Farc, en el departamento del Caquetá, murió defendiendo con su vida al reportero y periodista francés Roméo Langlois, quien tiempo después representó en un documental internacional su valor y sus últimos momentos de vida.

Mayor general María Paulina Leguizamón Zárate

 

Esta señora oficial del Ejército Nacional, oriunda del municipio de Tocaima, Cundinamarca, creció en un hogar de militares y, desde muy pequeña, tenía el sueño de ser soldado de la patria; por eso, al terminar su bachillerato escogió el Derecho como profesión, pues consideraba que era una carrera que podía aportar al sueño que tenía con la institución.

 

Al obtener su grado como profesional no dudó en ingresar a la Escuela de Cadetes General José María Córdova, para hacer curso como oficial administrativa. Hoy con más de 25 años al servicio de la Fuerza, se ha destacado en los diferentes cargos que ha ocupado, lo que le ha permitido llegar a ser nombrada magistrada del Tribunal Superior Militar.

 

No obstante, esta mujer escribió un capítulo en las páginas del Ejército Nacional, el 13 de diciembre de 2013, al convertirse en la primera mujer en obtener el grado de brigadier general, lo que es un camino de inspiración para las oficiales que integran la Fuerza Pública.

Sargento mayor Luz Marina Correa Cárdenas

 

El 23 de septiembre de 2012, esta suboficial entró en la historia del Ejército Nacional al convertirse en la primera mujer en obtener el grado de sargento mayor. Abrió con ello el camino a las mujeres suboficiales de la Fuerza.

 

La sargento mayor Correa nació en el municipio de Facatativá, Cundinamarca, el 7 de mayo de 1970, en una familia compuesta por su madre, su padre y una hermana, quienes la han apoyado desde sus inicios en la institución. Años después, ella formó su propio hogar, compuesto por su esposo y su hija, quienes también la han apoyado incondicionalmente.

 

Durante su carrera militar hizo parte de diferentes unidades a lo largo y ancho del país, entre ellas zonas de orden público, como Caquetá, en los tiempos de la «zona de distensión».

Memoria histórica

Recopilar las historias de nuestros héroes ocultos es una tarea en la que el Ejército Nacional, a través de su Oficina de Víctimas y Memoria Histórica, trabaja constantemente, con el fin de rendir un homenaje y preservar la memoria de los integrantes de la institución que han sido víctimas del conflicto armado colombiano, así como destacar los 200 años de compromiso y entrega de cada uno de ellos para alcanzar la paz y lograr el bienestar de los colombianos.

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Sargento segundo José Vicente Rojas Rojas

 

Desde hace 26 años, su esposa, Olga Esperanza Rojas, y sus hijos, Dina y Emerson, esperan su regreso a casa. José Vicente desapareció el 3 de noviembre de 1992 en Carepa, Antioquia, cuando se desplazaba desde el batallón donde se encontraba de servicio hacia su casa, para disfrutar su tiempo de permiso. En el trayecto fue detenido por miembros de los frentes 34 y 5 de las Farc, que realizaban un retén ilegal sobre la vía. Esta fue la última vez que se supo de su paradero. Posteriormente, en versiones libres dentro del proceso de Justicia y Paz, testimonios de varios desmovilizados confirmaron la responsabilidad del grupo armado en la desaparición del sargento Rojas.

 

Hasta la fecha, José Vicente es el miembro del Ejército Nacional que lleva más tiempo desaparecido. Él es uno de los 113 integrantes de la institución víctimas de este crimen, reconocido internacionalmente como de lesa humanidad.

 

Desde ese entonces su familia vive un drama continuo a la espera de recibir alguna noticia. Por lo anterior, y con el fin de crear un espacio de apoyo entre las víctimas de desaparición, Olga Esperanza Rojas creó Acomides (Asociación Colombiana de Víctimas de Desaparición Forzada), que recientemente entregó el Primer informe sobre víctimas militares al Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No repetición, para que estas sean reconocidas y reparadas.

Sargento primero Libio José Martínez Estrada

 

El sargento primero Libio José Martínez Estrada es sin duda uno de los íconos que refleja el drama vivido por los militares que sufrieron el flagelo del secuestro en el marco del conflicto armado colombiano. Su hijo, Johan Steven Martínez, desde sus primeros años de infancia, se convirtió en el abanderado de los secuestrados, realizando marchas, llamados de atención a la comunidad internacional y otras actividades para pedir la liberación de su padre y de sus compañeros. Libio José Martínez fue retenido el 21 de diciembre de 1997 durante el ataque de las Farc al cerro de Patascoy, en el que murieron veintidós militares y dieciocho más fueron privados de la libertad.

 

Durante trece años, once meses y cinco días, el sargento Martínez permaneció en poder de las Farc, tiempo en el que estuvo cautivo junto con cuatro integrantes de la Policía Nacional. El 26 de noviembre de 2011, él y tres de sus compañeros fueron asesinados por sus captores con tiros de gracia, para impedir que fueran rescatados por el Ejército Nacional, solo uno de ellos logró escapar con vida.  Libio José es uno de los 325 miembros de la Institución que vivieron en carne propia el drama del secuestro.

Soldado profesional Santos Darío Alfaro Guzmán

 

El 8 de julio de 1999 cambió la vida para este soldado profesional, cincuenta y cinco militares más y sus familias, quienes fueron víctimas de uno de los ataques más cruentos en contra de la Fuerza Pública. Se trata de la masacre de Gutiérrez, perpetrada por los frentes 51, 52, 53 y la Columna Móvil Abelardo Romero de las Farc. Hacia las cuatro y media de la mañana, los integrantes del Batallón de Artillería       n.° 13 General Fernando Landazábal Reyes fueron hostigados con cilindros bomba y ráfagas de ametralladora. El ataque duró cerca de doce horas y dio como resultado la muerte de treinta y ocho uniformados. Contra todo pronóstico, dada la intensidad del ataque, dieciocho lograron sobrevivir.

 

En el 2019 se cumplen veinte años de este hecho que aún continúa en la memoria de sus víctimas. Es por eso que Santos Darío Alfaro desde hace ocho años emprendió la labor de reunir a quienes sufrieron los rigores de este acto violento y a sus familiares, para realizar actividades conmemorativas y ejercicios de memoria, con el fin de conservar vivo el recuerdo de sus compañeros, como homenaje al esfuerzo y sacrificio de estos hombres que dieron su vida para evitar que los pobladores de Gutiérrez resultaran afectados por la incursión guerrillera.

Soldado profesional Raúl Estupiñán

 

Uno de los oficios más arriesgados y a la vez más importantes dentro de la institución es el que desempeñan los enfermeros de combate. Ellos son los encargados de salvar vidas en medio del conflicto, sin distinguir entre héroes o villanos. El soldado Raúl Estupiñán es un ejemplo para todos no solo por haber regresado a muchos de sus compañeros de la muerte, sino por su resiliencia frente a las adversidades de la vida. Estupiñán cayó en una mina antipersonal momentos después de haber rescatado a dos guerrilleros que habían sido heridos en combate, y como consecuencia perdió parte de su pierna derecha. Este hecho lo convirtió en uno de los cerca de 10.000 miembros de la Fuerza Pública que ha sido afectado por estos artefactos.

 

A partir de ese momento, Raúl inició un proceso de recuperación y transformación, en el que descubrió dos grandes amores: la docencia y el teatro. Hoy en día se dedica a enseñar primeros auxilios y técnicas de rescate para que otros tengan el don de salvar vidas; además, en sus ratos libres explota su talento como actor. Su más reciente puesta en escena fue Victus, una historia en la que diferentes actores del conflicto cuentan sus experiencias personales durante la guerra y dan un mensaje de reconciliación.