¡Conmemorémoslos

siempre!

Por Guillermo Botero Nieto

Ministro de Defensa

El Ejército de colombianos desplegados a lo largo y ancho del país, junto con las Fuerzas Militares, tiene como finalidad primordial la defensa de la soberanía, la independencia, la integridad del territorio nacional y del orden constitucional.

Al celebrar este 7 de Agosto el bicentenario de la Batalla de Boyacá y con ella de la libertad de la República de Colombia, conmemoramos el esfuerzo, valor y sacrificio de todos aquellos que integraron el Ejército, y quienes, después de múltiples batallas, lograron derrotar a los realistas que pretendían mantenernos sumidos en el tricentenario régimen colonial.

 

Conmemorar es recordar solemnemente, en este caso, a un ejército de personas libres, valientes y audaces que, con su denodado trabajo, sacrificio y entrega, soportados en sus republicanas convicciones y alentados por las aspiraciones democráticas, alcanzaron la libertad no solo de su generación, que era el objetivo ciudadano de largo aliento.

 

La trascendencia de semejante odisea justificó que se convirtiera en la fecha del Ejército y del nacimiento de la libertad para la República.

 

Fue tal su determinación que enfrentaron en inferioridad de condiciones a las tropas españolas atrincheradas en Paya y concentradas en Tunja, confiadas en su superioridad militar.

 

La Campaña Libertadora es épica: la primera victoria sobre los realistas en el trincherón de Paya, el tortuoso cruce del páramo de Pisba, las mujeres de Socha que brindaron vestido a los soldados y, por supuesto, los 14 lanceros que, al mando del Coronel Juan José Rondón, alcanzaron la gloria en el pantano de Vargas.

 

En el corazón llevamos la inspiración que generan las habilidades militares de Simón Bolívar, quien al enfrentar por primera vez al coronel José María Barreiro, comandante del ejército español, por el control del puente sobre el río Gámeza, hizo evidentes las capacidades del Ejército Patriota.

 

Mención especial, como acto anticorrupción, merece el muy joven Pedro Pascasio Martínez, que colmado de valor e integridad, rechazó el soborno ofrecido por Barreiro y, en su lugar, lo capturó. Este gesto de valor civil selló la victoria del Puente de Boyacá con honor.

Hoy, doscientos años después, el Ejército de colombianos desplegados a lo largo y ancho del país, junto con las Fuerzas Militares, tiene como finalidad primordial la defensa de la soberanía, la independencia, la integridad del territorio nacional y del orden constitucional.

 

Concurre con las demás autoridades en la protección de la vida, la honra, los bienes, las creencias y los demás derechos y libertades de sus conciudadanos.

 

En 2019 combaten grupos armados organizados y grupos delincuenciales organizados. Y además llevan a cabo tareas tales como extinción de incendios, desminado humanitario y construcción de obras de infraestructura. Así, el Ejército Nacional demuestra su constante transformación para servir las 24 horas del día y 365 días del año a un pueblo que lo reconoce como la institución con mayor imagen favorable de Colombia.

 

Este reconocimiento, que incluso ha traspasado las fronteras, gracias a su participación en la guerra de Corea, en la Fuerza Multinacional de Paz y Observadores en la península del Sinaí y, más recientemente, por operaciones tan icónicas como Jaque, y ha valido para ser considerado como uno de los mejores ejércitos del mundo, siendo invitado a apoyar a la ONU en su misión de preservar la paz mundial, con el futuro despliegue de la Fuerza de Tarea Colombia.

 

Como ciudadano y como servidor público, todo lo anterior constituye motivo de orgullo. Por ello, felicito, desde el Ministerio de Defensa Nacional, a todos y cada uno de los 240.000 hombres y mujeres que integran el Ejército Nacional en su bicentenario. Soy consciente del sacrificio que día a día realizan para mantener y construir una Colombia grande, respetada y libre.

 

Son inmortales quienes trabajan por conquistar o por proteger la libertad de sus conciudadanos.

 

¡Conmemorémoslos siempre!