¿Qué hay detrás

del soldado?

José Félix Lafaurie Rivera

Presidente Ejecutivo de Fedegán

Lastimosamente lo que reconocemos como frases célebres de personajes igualmente célebres terminan en lugares comunes, pero aun así quiero valerme de una que, asumo, debe ser muy conocida  dentro de la narrativa castrense.

 

Chesterton, escritor británico y famoso por sus parábolas,  señalaba que «El verdadero soldado no lucha porque odia lo que hay delante de él, sino porque ama lo que hay detrás de él». ¿Qué hay delante de él en la batalla?: El enemigo, y cuando se lucha por odio al enemigo, esa lucha es venganza  y mezquindad

 

¿Qué hay detrás del soldado, no solo en batalla, sino en su propósito de vida, su vocación militar?, y si me refiero a «vocación» es porque hay algo común en las carreras eclesiástica y militar, hay un llamado. En la eclesiástica es Dios quien llama, pero en verdad que lo importante de la «vocación» no es quién llama, sino a qué responde el llamado: un llamado «para qué».

 

 «Vocación de servicio», ponerse al servicio de la sociedad es ese factor común. Es una forma de vida y de subsistencia; por supuesto, pero ante todo es «vocación». Habrá quien se meta a cura porque su tío era obispo, y el que se meta a militar porque lo fueron su papá y su abuelo, pero lo que hay detrás del verdadero soldado, lo que ama y por lo que lucha…es la patria.

 

La patria ocupa el primer lugar en el lema del Ejército de Colombia. El Honor y la lealtad son conceptos vacíos si no están referidos al de patria: Honor de servir a la patria…, lealtad a la patria y lo que representa.

 

Ejército, democracia e instituciones

Los colombianos nos ufanamos de la solidez de nuestra democracia, sobre todo cuando nos comparamos con el vecindario, donde golpes y dictaduras militares han sido más la regla que la excepción. Descontado el llamado «golpe de opinión» de 1953, protagonizado por un militar, pero no un «golpe militar», en nuestro país la democracia y el Estado civil y de derecho no han tenido solución de continuidad.

 

¿A qué se debe? Al Ejército y la Fuerza Pública, que no solo han defendido la democracia como su misión fundamental, sino que por mandato constitucional se han marginado del debate político y no eligen ni son elegidos. Se trata de un Ejército profesional, guardián de la libertad y el orden de nuestro escudo; independiente, pero no aislado; con yerros y dificultades, como toda organización humana, pero con indeclinable vocación de servicio a la sociedad.

«La sociedad que

no honra a sus héroes,

sencillamente dejará de tenerlos»

José Félix Lafaurie Rivera

Homenaje de Fedegán a las Fuerzas Militares

Cartagena, 8 de noviembre de 2007

Ejército, ruralidad y ganadería

Es sabido que el Ejército es la institución más querida de los colombianos, pero no hay un sector de la sociedad, un gremio con mayor empatía con el Ejército Nacional, que el ganadero. Desde el nacimiento de Fedegán en 1963, que coincidió con el de las Farc y el ELN, y con la bonanza marimbera, que nos llevó al mal de males: el narcotráfico, que ha alimentado todas las violencias; sin aspavientos en las buenas y sin actitudes vergonzantes en las malas, Fedegán y los ganaderos de Colombia no han dejado de expresar su admiración, respeto y gratitud al Ejército Nacional.

 

La razón es sencilla. La amenaza  narcoterrorista –que no guerra ni conflicto interno– ha desarrollado su actividad de violencia y terror en el campo, y en el campo están los ganaderos, declarados desde muy temprano objetivo militar de las Farc, secuestrados, asesinados, extorsionados y, de contera, víctimas estigmatizadas como victimarios por sus propios victimarios.

 

En la década de los ochenta, cuando los ganaderos eran secuestrados y asesinados por centenares, se levantó la voz de José Raimundo Sojo para rechazar la violencia y brindar su apoyo al Ejército y la Fuerza Pública. Al final, pagó su entereza con la vida, cuando las Farc lo buscaron en su retiro y lo asesinaron vilmente en 1995.

 

En los noventa, cuando eran secuestrados, asesinados y extorsionados por miles, la voz de Jorge Visbal  persistió en condenar a los violentos y enaltecer a los héroes de Colombia. Dios y la fortuna lo salvaron de varios atentados contra su vida.

 

Desde entonces, en 2007 y cuando nos ha sido posible, en nombre de los ganaderos y del sector rural, hemos convocado a los colombianos a respaldar al Ejército Nacional. Es un asunto de gratitud y supervivencia, pero también de orgullo patrio y de la íntima convicción de que «una sociedad que no honra a sus héroes, sencillamente dejará de tenerlos, y el heroísmo es un tesoro en la adversidad».

 

200 años… y más

Álvaro Valencia Tovar1 relata que, tras el Grito de Independencia de 1810, se vio «la necesidad de constituir un cuerpo armado confiable que sustituyera a las unidades coloniales de españoles y criollos. Así, el 23 de julio, de creó el Batallón de Voluntarios de la Guardia, primera unidad militar de la república naciente».

 

Después vino la Patria Boba, y la carnicería de Morillo, pero es ese el verdadero nacimiento del Ejército,  aunque incipiente y precursor del que, nueve años después, se llenaría de gloria en el Pantano de Vargas y en la Batalla de Boyacá, que marcó la liberación del yugo español y el nacimiento oficial del Ejército de Colombia.

 

Anecdótico, pero son más de 200 años al servicio de la patria, y hacia delante, los que sean menester, mientras haya patria que servir, a la cual amar y por la cual luchar.

 

 ¡Honor y gratitud a sus héroes!

1 Valencia T., Álvaro. Las instituciones militares en Colombia. Credencial Historia. Edición 152. Agosto de 2002.