Semanas completas han dedicado hombres y mujeres del Ej ército Nacional para ensayar al unísono el desfile esperado por los colombianos. Conmemorar 216 a ños conlleva el lenguaje de la excelencia; requiere compromiso, entrega y disciplina para que cada colombiano mire con orgullo el honor de servir al pa í s.
Cae la noche en Bogotá, el cierre vial del recorrido donde pasará el desfile deja ver por primera vez una avenida vacía, el asfalto por fin tiene un descanso y se ajusta para recibir miles de botas que han cruzado ríos, montañas y desiertos. Por primera vez el ruido del tráfico disminuye generando un ambiente expectante a lo que acontecerá en algunas horas.
En medio de las calles de la localidad de Ciudad Bolivar, se ven caminar hombres y mujeres con la mirada en alto, militares preparándose para lo que se viene en las próximas horas; honrar la labor del soldado colombiano frente a su pueblo, convirtiendo el suroccidente de Bogotá en un escenario de honor y gloria. A la noche fría se le suma una nube que surca el cielo como queriendo observar lo que el desfile tiene preparado.
La disciplina tiene un sonido particular
El roce de los uniformes perfectamente planchados, el ajuste de una correa, el clic metálico de una hebilla, el sonido de un instrumento y el eco de una voz que rompe los murmullos, indica el inicio de la última jornada de ensayos. - ¡Formar! En cuestión de segundos cada bloque está debidamente formado, preparado y listo.
En los alrededores las personas que viven en el sector se comienzan a agrupar; poco a poco hombres, mujeres, niños y adultos mayores se forman también en los andenes para obtener el mejor lugar, nadie, ni la lluvia se quiere perder el ensayo de lo que será el desfile militar y policial del 20 de Julio.
El himno de Colombia marca el inicio del ensayo y es escuchado una y otra vez, en las pequeñas pausas que se logran hacer, los habitantes motivados por el orgullo le comparten bebidas calientes a esos hombre y mujeres que ensayan el desfile más importante para un colombiano; mitigar el frio de esa manera es la muestra de agradecimiento en ese momento.
La repetición no es un castigo, es el lenguaje de lo bien hecho
En medio de los bloques hay militares que van a desfilar por primera vez, cada formación busca sincronía. Hay que hacerlo exactamente igual que quien está a la derecha y a la izquierda; un brazo demasiado alto o un paso adelantado rompe la armonía que durante semanas se construye con paciencia y repetición.
Porque el desfile no es improvisación, es precisión y eso se ve en los flashes que salen de cada celular de los colombianos que vinieron a acompañar el ensayo y del reflejo de los ojos de asombro de los niños que descubren por primera vez la imponencia de un desfile militar.
La moral está alta
Ni la lluvia ni el frío es impedimento, cuando el calor humano de los colombianos acompaña sin importar la hora. En los rostros de los militares, se ve el orgullo de desfilar ante su gente; los que marchan por primera vez reflejan asombro sin perder la disciplina ni la mística y los que han participado en incontables ceremonias saben que el reconocimiento de la gente mantiene la moral.
Las bandas de guerra ambientan los kilómetros recorridos del ensayo, los rostros maravillados de los más pequeños por cada nota que sale de los redoblantes, trompetas, platillos y liras es correspondido con una sonrisa de los militares. Las notas de las bandas, los cánticos militares y la sincronía de la marcha invita a aplaudir.
Cuando el ensayo centralizado nocturno llega a su fin, las botas y el camuflado dejan ver la lluvia que ha caído, el frío de la capital y el orgullo de cada hombre y mujer militar que con cada paso simboliza el compromiso de una institución que durante más de dos siglos ha acompañado la historia del país.
La independencia también se construye desde la memoria