Hay momentos en la vida de un soldado que no se miden por el grado que lleva en los hombros, sino por el peso del honor que representa. Para el brigadier general Carlos Ernesto Marmolejo Cumbe, ese momento llegará cuando, al frente de los bloques del Ejército Nacional, dé inicio al desfile militar del 20 de Julio, la ceremonia con la que Colombia conmemora 216 años de independencia.
No será la primera vez que desfile y tampoco la primera vez que escuche los aplausos de los asistentes al desfile militar, sin embargo, después de 35 años de servicio, será la primera ocasión en la que tenga la responsabilidad de liderar a todos los hombres y mujeres que representan al Ejército Nacional ante millones de colombianos.
«Es un orgullo muy grande», afirma. No solo porque el comandante de la Quinta División tiene la tradición de encabezar el desfile, sino porque siente que también representa el legado de quienes ocuparon ese cargo antes que él y dejaron una huella en la institución.
Pero mucho antes de convertirse en general, fue un joven cadete que desfiló por primera vez en 1991 y que aún recuerda aquel episodio con una sonrisa. Ingresó a la banda de guerra convencido de que tocaría una corneta, y terminó desfilando con una lira al frente de la Escuela Militar. Esa imagen permanece intacta en su memoria y le recuerda que todo gran recorrido comienza con un primer paso.
Treinta y cinco años después la emoción sigue siendo la misma
«Lo más bonito es ver la alegría de la gente», dice. Porque, aunque detrás del desfile existen semanas de ensayos, kilómetros recorridos, jornadas nocturnas y un enorme desgaste físico, asegura que todo desaparece cuando los soldados sienten el reconocimiento del público; ese es quizá, el verdadero significado del 20 de Julio.
Más allá de la precisión de las formaciones o de las capacidades militares que exhibe el Ejército Nacional —desde las escuelas de formación hasta las unidades de Asalto Aéreo, Fuerzas Especiales, Ingenieros, Aviación, Comunicaciones y Logística—, el desfile busca recordar que detrás de cada uniforme existe una historia.
«Nosotros venimos de familias colombianas», explica el general
«Somos hijos, hermanos, esposos». Una frase sencilla que rompe la distancia entre el militar y el ciudadano, porque recuerda que quienes marchan también crecieron en los mismos barrios, estudiaron en los mismos colegios y pertenecen a las mismas familias que ese día los observan desde los andenes, balcones y ventanas.
Por eso, insiste en que el desfile no es únicamente una tradición militar, es un encuentro entre el Ejército y los colombianos; una oportunidad para fortalecer el amor por los símbolos patrios y recordar el significado histórico del 20 de Julio, fecha que marcó el inicio de la construcción de la nación.
Para quienes desfilan por primera vez, el general Marmolejo tiene un mensaje claro y es entregar lo mejor de sí mismos. Les recuerda que, aunque serán ellos quienes recorran las calles de Bogotá, en realidad estarán representando a cerca de 200.000 integrantes del Ejército Nacional, muchos de los cuales permanecerán ese día cumpliendo su misión en las selvas, montañas y regiones más apartadas del país. Ellos serán el rostro visible de una institución que continúa trabajando donde la mayoría de los colombianos no alcanza a verla.
Habrá alguien más observando con orgullo: las familias
A ellas dirige unas de sus palabras más sentidas. Las invita a acompañar el desfile y a sentirse orgullosas de quienes decidieron dedicar su vida al servicio del país. «Estamos dispuestos incluso a entregar nuestra vida por personas que muchas veces no conocemos», afirma.
Esa frase resume el sentido de una profesión que exige sacrificios silenciosos y ausencias prolongadas, pero que encuentra, en días como el 20 de Julio, un espacio para recibir el reconocimiento de la ciudadanía.
Cuando el desfile inicie y los bloques comiencen a avanzar por la avenida Villavicencio, en el suroccidente de Bogotá y en las demás ciudades principales donde habrá desfiles, el país verá una impecable formación militar. Lo que quizá muchos no alcanzarán a notar es que, al frente de ella, liderará aquel cadete que hace 35 años sostenía una lira con la ilusión de servir a Colombia.
Porque al final, el desfile no comienza cuando suenan las bandas marciales, comienza mucho antes, cuando un colombiano decide dedicar su vida a proteger la de los demás.

Revista Ejército
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