Este 20 de julio constituye una invitación para que, mediante el conocimiento de la historia, se dialogue y se encuentren nuevas preguntas que permitan interpretar el presente. De esta manera, aunque las huellas materiales desaparezcan, el deseo por comprender el pasado mantendrá vivos los vínculos con el origen de nuestra nación.
La historia constituye un proceso de selección muy complejo. Más que los hechos que recordamos, resulta aún más interesante la manera mediante la cual esos hechos son seleccionados. El historiador Tzvetan Todorov[1] muestra que este proceso responde algunas veces al azar, por ejemplo, cuando el paso del tiempo permite que lleguen hasta los investigadores huellas materiales como un documento o un artefacto que ha sobrevivido el paso del tiempo, pero también expone la existencia de huellas mnésicas, inscritas en el espíritu de los seres humanos como huellas inmateriales.
Las huellas del 20 de julio se enmarcan en las dos categorías, en el plano material se puede destacar la réplica del «Acta de la revolución del 20 de julio de 1810» (el documento original desapareció en un incendio) y el florero más famoso del país, que se puede apreciar en el Museo de la Independencia, en Bogotá. A pesar de estas y otras huellas materiales, es posible que no sean estos objetos en los que se piensa cuando se menciona «20 de julio», sino en las huellas mnésicas.
Probablemente, la fecha de la independencia nacional se asocia fácilmente con el desfile militar, con un barrio de Bogotá o con la posibilidad de disfrutar del día festivo; esto es muy significativo, ya que el hecho histórico adquiere sentido gracias a la tradición y a las apropiaciones que los sujetos hacen de este, dando origen a nuevas huellas inmateriales que están en la memoria de los individuos. Este consenso colectivo sobre la independencia suele darse por hecho, por lo que no es un asunto sobre el cual se detengan las reflexiones cotidianas de los colombianos; sin embargo, en esta fecha vale la pena plantear preguntas alrededor de esta celebración.
El Centro de Estudios Históricos del Ejército, CEHEJ, aborda estas cuestiones haciendo una revisión de las fuentes históricas. En este ejercicio resulta curiosa la manera en que se elige qué recordar y cómo se recuerda. En primer lugar, se puede decir que el uso de una fecha para celebrar la independencia nacional es atrevido, teniendo en cuenta la cantidad de hechos que condujeron a ella y que no culminan ni empiezan el 20 de julio de 1810. La fecha se justifica, entre otras razones, por la firma del acta anteriormente mencionada, la cual, después del altercado entre criollos y españoles en el Virreinato de la Nueva Granada, fue firmada en la madrugada del siguiente día.
Es comprensible que, si no se eligiera una sola fecha, sería logísticamente imposible celebrar de manera significativa la independencia, sin embargo, es importante que se tenga siempre en cuenta que esta fecha es solo una representación de un complejo y largo proceso de corte político, militar y social. Hoy esta celebración parece tan natural que se puede llegar a pensar que siempre fue así; no obstante, solo fue hasta el 8 de mayo de 1873, con la Ley 60, que se declaró como día festivo, y hasta 1910, cuando se realizó el primer desfile militar presentado al público como celebración del primer centenario.[2] Con ocasión de este también se realizaron esculturas, placas conmemorativas y otras actividades que fortalecieron la memoria de la independencia que, por fortuna, mantenemos hasta hoy.
Capitán María Camila Otálora Parra
Antropóloga del Centro de Estudios Históricos del Ejército Nacional
[2]El 20 de julio se celebró desde su primer aniversario, sin embargo, las actividades de conmemoración no contaban con la trascendencia que se evidencia después del centenario. Para ampliar sobre este tema se recomienda consultar: Instituto Distrital de Patrimonio Cultural. (2010). Bicentenario en Bogotá, 1810-2010:Exploraciones y recorridos. Instituto Distrital de Patrimonio Cultural
[1]Todorov, T. (2002). Memoria del mal, tentación del bien: Indagación sobre el siglo XX. Ediciones Península.

Revista En Primera Línea
Deber legal, prohibiciones y consecuencias jurídicas del personal militar en las jornadas electorales